Del trueque a las criptomonedas

Pagar a través del móvil o de internet es una realidad, pero todavía no es un mercado maduro. El dinero ha cambiado de forma muchas veces a lo largo de la historia y se encuentra a las puertas de un nuevo salto, aunque el futuro aún no ha decidido qué ca

La versión resumida de la historia del dinero podría decirse que comienza con el trueque: un producto que se cambia por otro. Una evolución consiguiente, aún sin intercambio monetario, es el trueque a partir de un valor de referencia o un bien como medio de cambio: dos gallinas (que se valoran en dos sacos de trigo cada una) por una oveja (que se valora en cuatro sacos de trigo).

Es lo que se conoce como dinero mercancía. Utilizar un bien como medio de cambio facilitaba mucho todo el proceso. Pero era necesario encontrar un bien de referencia que fuera fácilmente transportable, duradero, divisible y con un valor establecido: los metales preciosos, en particular el oro, se convirtieron en ese valor de referencia.

Tanto es así que las monedas de metal comenzaron a funcionar por su facilidad de conversión y apilamiento. Al ser de plata, oro o cobre su fiabilidad estaba fuera de toda duda, aunque cada sociedad (ya estamos en el primer milenio antes de Cristo) la acuñaba para estandarizar el comercio dentro de sus fronteras. Los europeos fueron de los primeros pueblos en elaborar monedas metálicas estandarizadas y certificadas, como la dracma griega o los denarius y aurus romanos.

¿Sabías que la palabra moneda tiene su origen en la civilización romana? En la antigua Roma, la palabra monitor o moneta significaba consejero, es decir, una persona que avisa o que aconseja. La historia cuenta que durante una invasión de los galos, en el año 390 a. de C., los graznidos de una bandada de gansos del templo de la diosa Juno, situado en la colina Capitolina, dieron la voz de alarma a los defensores romanos salvándolos de la derrota. Como muestra de agradecimiento, los romanos construyeron un templo dedicado a Moneta, la diosa que avisa o que aconseja. Y pocos años después, cerca de ese templo se construyó la primera fábrica de moneda romana, en la que se acuñaban monedas de cobre y plata. Muchas de ellas contenían la efigie de Juno Moneta en una de sus caras.

Con el tiempo, las monedas se fabricaron con materiales menos nobles (y que pesaran menos en el bolsillo), pero respaldadas por un bien tangible que sostenía la confianza del emisor. Este modelo rigió durante siglos y se institucionalizó en el siglo XIX con el patrón oro como metal de referencia para establecer el valor del dinero.

No obstante, a lo largo de la historia encontramos diversas ocasiones en las que diferentes objetos fueron utilizados como dinero mercancía, fruto de la necesidad del momento. Por ejemplo: las wampum (cinturones hechos de conchas de los indios americanos, utilizados como monedas), las cowries (conchas de colores muy vivos empleadas en Asia y África), los dientes de ballena en Fiji, el tabaco en las primeras colonias de Norteamérica, o los cigarrillos y el licor en la Alemania de los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial.

El patrón oro comenzó a abandonarse hace casi un siglo. Desde su final, el valor de una determinada moneda se establece por la confianza que genera. Es lo que se conoce como moneda fiduciaria: las monedas y billetes fiduciarios no basan su valor en la existencia de una contrapartida en oro, plata o cualquier otro metal noble o valores, ni en su valor intrínseco, sino simplemente en su declaración como dinero por el Estado y también en el crédito y la confianza (la fe en su futura aceptación) que inspira. Sin esta declaración, la moneda no tendría ningún valor.

Es decir: en el caso del euro, su valor está respaldado por la autoridad que tiene el Banco Central Europeo, y lo mismo ocurre con el dólar y la Reserva Federal en Estados Unidos, por poner dos ejemplos.

El dinero continúa evolucionando. Desde hace años, y en paralelo con la digitalización de la sociedad, han irrumpido con fuerza diversos medios de pago electrónicos, que surgieron en los años 90. Este tipo de dinero puede utilizarse para pagar bienes y servicios a través de internet o de otros medios electrónicos. Una vez recibida la autorización del comprador para que se realice el pago, el vendedor se pone en contacto con el banco emisor y recibe la transferencia del importe correspondiente.

La última evolución del dinero son las criptomonedas, que son medios digitales de intercambio. Se trata de una moneda virtual que utiliza un cifrado digital en sus operaciones, como las transferencias de dinero o el pago de un determinado producto o servicio.

La primera criptomoneda, y la más popular por ahora, son los Bitcoin, en funcionamiento desde 2009. Desde entonces han aparecido muchas otras, con diferentes características y protocolos como son Litecoin o Dogecoin.

Este tipo de monedas solo existen en la web y su valor está sostenido porque hay un comprador y un vendedor que la admiten para una transacción determinada, en cualquier parte del mundo. Su uso es minoritario todavía, pero está en continuo crecimiento.

Para operar, utilizan cifrados de alta seguridad. Pero su uso no está exento de riesgo, ya que su valor no está sostenido por ninguna autoridad monetaria y puede sufrir caídas bruscas de valor. Ya ocurrió hace unos años, cuando China prohibió su uso en el comercio online del país.

¿Hacia dónde nos lleva esta evolución? ¿Desaparecerán los billetes y monedas de nuestros bolsillos? ¿Se convertirá el móvil en el medio preferido para pagar todas nuestras transacciones?

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